Quienes nos dedicamos a la política desarrollamos una seria de ideas, planes y propuestas que reflejan nuestra forma particular de ver los problemas y las posibles soluciones. Esos problemas de nuestra sociedad y lo que creemos individualmente como la mejor solución posible.

Llegado el tiempo de las elecciones preparamos nuestras campañas en función de estas ideas, planes y proyectos que creemos van a resolver los problemas. Hacemos discursos, nos presentamos a los medios, difundimos por las redes sociales y le contamos personalmente a nuestros votantes sobre estas soluciones, planes y propuestas.

Ahora bien, una vez que el pueblo soberano se expresa en las urnas, las propuestas que el candidato ganador le realizó a la sociedad se transforman en un mandato que el pueblo soberano el da al gobernante electo.

Durante los últimos 40 años de democracia, la característica común de todos los gobiernos de los distintos partidos, fue que no hicieron nada de lo que habían prometido en campaña sino muchas veces todo lo contrario, algo que quedó tristemente expuesto en la frase “vean lo que hago, no lo que digo” que un presidente usó para justificar su verborragia.

De aquel 1983 donde la participación política era masiva, donde la gente común estaba abierta y se mostraba interesada en escuchar a los políticos, sus propuestas, sus plataformas electorales. Donde el debate abierto y franco era moneda corriente. Participación, compromiso y militancia, la política florecía.

Pero año a año, gobierno tras gobierno, lo gobernantes hacían cosas distintas a las que habían prometido en sus campañas y como resultado lógico de esto la gente común dejo de creer en los políticos que a su vez se fueron cerrando en su burbuja de cristal, desconectándose del votante y aislándose de la realidad mientras era “infiltrada” sin mucha resistencia por delincuentes, violadores y corruptos.

La política como actividad cayó en el descredito y lo que una vez fue motivo de orgullo se fue transformando en una actividad casi vergonzante. La participación fue reduciéndose hasta un mínimo y los pocos que participaban los hacían en muchos casos por la promesa de un trabajo y muchos otros extorsionados por los gerentes de la pobreza, esas lacras humanas que le sacaban parte de los planes o la comida a los más necesitados.

Muchos argentinos decentes, con capacidad, talento y mucho para aportar se negaban, y todavía se niegan, a involucrarse porque no querían y todavía no quieren arriesgar su prestigio profesional en una actividad, la política, que hasta hoy se identifica casi con una actividad mafiosa. Y desde ya esto era alimentado, fogoneado por los que “estaban adentro”, una banda de mediocres se adueñó del estado y de la política.

Hasta que llegó un “loco”, un “outsider”, una persona que cambió el paradigma de la política argentina de los últimos 40 años.

La mayoría de los “políticos profesionales”, los periodistas, los opinadores profesionales, los politólogos encuestadores y los empresarios prebendarios, todos esos que ahora se denomina LA CASTA, no entiende como, ni porque después de 6 meses de hacer lo imposible para “limar” al presidente, este no solo mantiene, sino que incrementa su imagen positiva.

El Presidente Javier Milei está cumpliendo lo que prometió en campaña, está honrando el mandato que recibió del soberano y esto es toda una revolución. Y como toda revolución es difícil de descifrar por los analistas, cuando es muy claro para el ciudadano de a pie. Ese que dice “el presidente está cumpliendo” y entonces lo sigue apoyando.

LA CASTA nos quiere poner frente a una falsa encrucijada, mientras redoblan esfuerzos para el fracaso del nuevo gobierno, llegando al límite de proponer abiertamente que están “dispuestos a llevar a cabo los medios necesarios, sean cuales sean, para combatir y derribar el gobierno del presidente Javier Milei. Además, tomaremos acciones necesarias para que sea encarcelado y llevaremos a cabo juicios populares”.

LAS CASTA GOLPISTA quiere regresar a lo que hizo siempre cuyo resultado fue el de gobernantes, sindicalistas, gerentes de la pobreza y empresarios prebendarios mil millonarios y más del 50% de la población por debajo de la línea de pobreza y casi un 20% en la indigencia.

Del otro lado está el nuevo gobierno, elegido por una inmensa cantidad de argentinos, al que le DIMOS UN MANDATO cuando aceptamos las propuestas que encabezó Javier Milei con el claro y decidido apoyo de Patricia Bullrich.

Un nuevo gobierno que está dando sus primeros pasos a pesar de todos los esfuerzos por obstaculizar la gestión y que logró lo que hace 6 meses parecía imposible, controlar la inflación y volver a hacer de la Argentina un país más seguro.

Tenemos todo el futuro por delante para poder VOLVER A SER un país de referencia mundial, un país al que los europeos quieran venir a buscar su futuro, un país de movilidad social ascendente.

Si ese país del que todos tenemos recuerdo o referencia. Ese país de la nostalgia.

SI podemos volver a ser esa ARGENTINA POTENCIA.

ADELANTE PRESIDENTE CUMPLA CON EL MANDATO QUE LE DIMOS!!!!

3 thoughts on “DE LA PROPUESTA AL MANDATO

  1. Norma Beatriz Aguirre dice:

    Todos somos y pensamos como Diego Bavio. Gracias por la nota. 👏👏👏👏👏👏👏👏. Siga así presidente y siga así Patricia Bullrich💪

    1. diego dice:

      Gracias Norma, desde Rio Gallegos al sur del sur, siempre trabajando por hacer de nuestro país nuevamente un país prospero, con desarrollo y progreso, con ORDEN, EDUCACION y TRABAJO

  2. Jorge Enrique Gomez dice:

    Mas de medio pais eligió las propuestas, supo que el camino sería difícil. Hoy, gran parte critica la forma y las personas elegidas para lograrlo. Habra que esperar o tratar de torcer el rumbo?

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