La Argentina de los fanáticos nos empuja 10 años para atrás todo el tiempo.

Y hay que aclarar que tanto los fanáticos propios y como los ajenos. Esos que se niegan al debate, a la charla, a intercambiar ideas, a tratar de ver y entender que somos todos distintos, únicos e irrepetibles y fundamentalmente que nadie es dueño de la verdad.

Fanáticos del pasado que todavía piensan en banderas rojas ondeando, el martillo y la hoz como símbolo en una “Patria Socialista” que a pesar de haber fracasado rotundamente en el mundo hace mas de 25 años acá se empecinan en creer que a “nosotros nos va a salir bien”.

Ese pensamiento del hombre masa que no entiende ni ve que el hombre es un ser individual a pesar de tener una naturaleza social. Ese individuo que tiene anhelos y sueños propios y capacidades únicas.

Esos fanáticos que hace unos años tiraron 14 toneladas de piedras contra un C

ongreso Nacional que debatía sobre lo que sería una clara mejora en los haberes de los jubilados y que si estuviera vigente les habría permitido a nuestros jubilados sortear de mejor forma la pandemia y el desastroso gobierno de los Fernández de Kirchner.

Esos fanáticos que ayer volvieron a hacer una demostración de fuerza, espectacular desde el punto de vista del espectáculo lamentable que ofrecieron. Vuelven a la carga con el convencimiento de ser la “vanguardia iluminada” y que el pueblo masivamente los apoya.

Fanáticos convencidos que contratan fanáticos mercenarios, barras de futbol y marginales que para romper y robar siempre están listos, mucho mas si hay una moneda de por medio.

Pero el pueblo habla con contundencia en las urnas y esta claro que no los apoya, de hecho, los repudia. Y esto es así porque para el ciudadano de a pie las pruebas son contundentes, las puede ver y sufrir, los hoteles de Cristina y las no rutas de Lázaro.

Y también tenemos los fanáticos propios, entre los que entendemos que el gobierno del Presidente Milei está en el camino correcto.

Y acá me detengo un minuto, porque son un toque más “complejos” o no.

La irrupción del “tsunami” Javier Milei en la política argentina trajo aparejadas varias cosas. Sin dudas fue un grito de la sociedad pidiendo un cambio profundo y ese grito surgió desde los más jóvenes

que desencantados se habían alejado de la política y encontraron en Javier Milei un nuevo representante.

Muchos abrazaron las ideas “libertarias” con fervor casi fanático y le pusieron y ponen toda la energía. Vuelven a enamorarse de la política, a prepararse, a debatir, a participar y comprometerse. Este es uno de los grandes logros de Javier Milei.

Pero a ese Tsunami también se subieron muchos pícaros y oportunistas que se fanatizaron con el único fin de esconder un pasado vergonzante y que paradójicamente hoy se autoimponen la “misión” de cuidar la pureza del pensamiento cual Torquemadas libertarios. Muchachos que hasta hace 15 minutos abrazaban por conveniencia los ideales cristinistas y populistas, hoy son “jueces de la verdad libertaria” también por conveniencia personal.

Picaros y oportunistas que solo quieren aprovechar el Tsunami con todo el desorden natural que causa, para escalar y llegar al carguito que les garantice un “éxito” que sus escasas capacidades personales les impedirían alcanzar en el ámbito privado.

Quiero ser bien claro, NO hay fanáticos buenos y fanáticos malos porque todos los fanáticos nos niegan la posibilidad de pensar distinto, de expresar nuestras ideas, de participar y aportar nuestras particularidades. Para el fanático el único pensamiento aceptable es el propio y no acepta otra participación que no sea la sumisión.

TODOS LOS FANATICOS SON MALOS.

35 thoughts on “Fanáticos? NUNCA MAS

  1. Business dice:

    Interesante reflexión sobre los fanatismos en Argentina. Me parece preocupante cómo se sigue insistiendo en ideologías que ya han demostrado su fracaso en otras partes del mundo. Es cierto que el debate y el intercambio de ideas son fundamentales para avanzar, pero parece que algunos prefieren seguir encerrados en sus dogmas. ¿No crees que este tipo de actitudes solo nos alejan de soluciones concretas y sensatas? Además, llama la atención cómo se recurre a la violencia y al espectáculo para intentar imponer una visión. ¿Realmente creen que eso puede convencer a alguien? Por otro lado, es alentador ver que el pueblo, en las urnas, parece estar rechazando estas posturas extremas. ¿Crees que esto marcará un cambio real en la política argentina?

  2. Kikma dice:

    Interesante reflexión sobre los fanatismos que dividen a la sociedad argentina. Me llama la atención cómo se critica tanto a los extremos de un lado como del otro, pero ¿no crees que a veces caemos en la misma polarización al generalizar? Es preocupante cómo el debate se pierde en enfrentamientos en lugar de buscar soluciones concretas. ¿Realmente crees que el gobierno actual está en el camino correcto, o es solo una ilusión frente a los errores del pasado? Me pregunto si alguna vez lograremos superar estas divisiones y trabajar juntos por un futuro mejor. ¿Qué opinas de la idea de que el pueblo habla en las urnas pero luego parece no verse reflejado en las acciones de quienes gobiernan? Sería interesante escuchar tu perspectiva sobre cómo podríamos avanzar sin caer en los mismos errores.

  3. Business dice:

    La polarización en Argentina parece no tener fin. Es increíble cómo los fanáticos de ambos bandos se aferran a ideas del pasado, negándose a dialogar o a entender que el mundo ha cambiado. ¿Realmente creen que volver a símbolos y discursos de hace décadas es la solución? Me preocupa cómo estas actitudes extremas afectan el progreso del país, especialmente cuando se recurre a la violencia para imponer ideas. ¿No sería más productivo buscar puntos en común y trabajar juntos por un futuro mejor? Además, ¿cómo se puede esperar que la gente apoye a quienes destruyen en lugar de construir? Es evidente que el pueblo está cansado de estos extremismos, pero ¿qué se necesita para que los líderes entiendan que el cambio real viene del diálogo y no de la imposición? ¿Qué opinas tú?

  4. Media dice:

    Este texto plantea una crítica mordaz a los fanatismos en Argentina, tanto de un lado como del otro. Me parece interesante cómo se resalta la falta de diálogo y la incapacidad de aceptar que nadie tiene la verdad absoluta. Sin embargo, ¿no es esto también una forma de pensar polarizada? Al criticar a los «fanáticos del pasado», ¿no se corre el riesgo de caer en el mismo error de no escuchar otras perspectivas? Me pregunto si realmente es posible avanzar sin caer en extremismos. También es preocupante cómo se menciona la violencia y las manifestaciones destructivas como si fuesen la única forma de expresión. ¿No creen que esta dinámica solo genera más división? Finalmente, ¿qué opinan sobre la afirmación de que el pueblo habla en las urnas? ¿Es suficiente con eso para demostrar el rechazo a los fanatismos o hay más matices? Sería bueno debatir esto, ¿no creen?

  5. Trump dice:

    El texto critica el fanatismo en Argentina, tanto de quienes se aferran a ideologías del pasado como de aquellos que defienden ciegamente al gobierno actual. Es preocupante cómo este fanatismo impide el diálogo y el entendimiento entre personas con diferentes perspectivas. Sin embargo, ¿no es igual de peligroso catalogar a todos los que piensan distinto como fanáticos? ¿No deberíamos preguntarnos si nosotros mismos estamos dispuestos a escuchar y debatir sin caer en etiquetas? La polarización solo divide más a la sociedad y nos aleja de soluciones reales. ¿Por qué no buscar un punto en común en lugar de seguir alimentando esta división? Al final, el verdadero cambio empieza por reconocer que nadie tiene la verdad absoluta. ¿No crees que es momento de dejar de lado las banderas y empezar a construir juntos?

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  6. Trump dice:

    Es un texto que invita a la reflexión sobre los extremismos y cómo afectan a la sociedad. Me parece interesante cómo se critica tanto a los fanáticos que se aferran a ideologías pasadas como a aquellos que actúan con violencia sin razón. Sin embargo, ¿no crees que etiquetar a todos como «fanáticos» puede ser demasiado simplista? ¿No hay matices en las posturas de las personas? También me llama la atención la mención de las urnas como expresión del pueblo, pero ¿qué pasa cuando el sistema electoral no refleja realmente la voluntad de todos? Además, ¿qué opinas sobre la idea de que el gobierno actual está en el «camino correcto»? ¿Qué pasaría si otros interpretan ese camino de manera distinta? Por último, ¿cómo crees que se puede fomentar un diálogo real en una sociedad tan polarizada?

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    1. diego dice:

      Primero perdón por la demora en responderte. Siempre la idea central de mis escritos esta en despertar ese debate abierto y franco que necesitamos como provincia y como país. Reflexionar y sobre todo entender que nadie, absolutamente nadie es dueño de la verdad revelada. Somos simples humanos con defectos y virtudes.
      Con respecto a tu consulta sobre el camino del gobierno, creo sin ser economista que esta en un camino distinto a los anteriores, el resultado dirá si fue el acertado o no, pero desde ya tiene todo mi apoyo y esperanza en que sea un éxito, porque su fracaso va a ser pagado por todos los argentinos.
      Las interpretaciones son parte del debate y si se tiene con el objetivo de buscar el bien común y no los intereses personales o partidarios estoy seguro que llegaremos a un buen resultado.
      Gracias por tu camentario

  7. Clustering dice:

    La polarización en Argentina parece no tener fin, y esto nos lleva a estancarnos en debates que ya deberían estar superados. Los fanáticos de ambos lados se niegan a escuchar, a dialogar, y eso nos impide avanzar como sociedad. Es preocupante cómo ciertos grupos insisten en ideas del pasado que han demostrado ser inviables, mientras ignoran las necesidades reales del presente. La violencia y la falta de reflexión solo perpetúan el ciclo de conflicto. ¿Cuándo aprenderemos a priorizar el bien común sobre la ideología? WordAiApi

    1. diego dice:

      Perdón por la demora en responderte. Vos marcas de forma correcta cual es el primer paso necesario y fundamental, volver a priorizar el bien común y no los intereses personales o partidarios y para lograr es fundamental el debate abierto y franco.
      Gracias por tu comentario

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